El libro enfatiza que el verdadero "monstruo" no es la criatura, sino el creador que la abandona a su suerte en un mundo que no la comprende.
A lo largo de estos capítulos, Nora sufre un choque cultural enorme al experimentar el machismo institucionalizado de la época, la falta de higiene y las enormes diferencias de clase. A pesar de las dificultades, la atracción intelectual y personal entre Nora y Max empieza a crecer. Nora descubre que Max tiene un amigo muy cercano y brillante, pero con una personalidad sombría y obsesiva: Víctor Frankenstein.
Tras la muerte del doctor, la protagonista libera a David. Juntos revisan los archivos para encontrar los nombres de las donantes y poder contactar a sus familias. La protagonista decide que quiere vivir, pero no como "la criatura de Frank". El capítulo termina con ella rompiendo todos los espejos del laboratorio. David le promete ayudarla a buscar una cirujana plástica que pueda reconstruir su rostro para que sea solo suyo.
El doctor Frank la mantiene en una habitación cerrada, llena de espejos y dispositivos médicos. Ella comienza a explorar su nuevo cuerpo. Nota que sus manos no son las suyas originales, y al mirarse al espejo, no se reconoce. Empieza a tener pesadillas con las muertes de las donantes. El doctor intenta ser amable, pero la trata como un experimento. Aparece por primera vez la pregunta: ¿sigue siendo ella misma?
La historia se divide en dos líneas temporales principales: el (en la ciudad de Ingolstadt, Alemania) y el año 1781 (en la misma localización, pero en pleno Siglo de las Luces).